RIO 2016

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Lo que está ya pactado como urbanismo y arquitectura para los juegos es muy inquietante
Se acaba de anunciar que Rio de Janeiro será la sede de los Juegos Olímpicos el 2016. Si a esto le sumamos el hecho de que Brasil será el anfitrión de la Copa Mundial 2014, se viene una tremenda inversión en cuanto a infraestructura y equipamiento, no solo deportivo… sino que desde nuevos sistemas de transporte hasta hoteles.

Para estos juegos, Rio de Janeiro usará 33 instalaciones, de las cuales 8 corresponderán a edificios construidos para los juegos PanAmericanos 2007. Se construirán 11 nuevos edificios y 11 estructural temporales, una buena oportunidad para los talentosos arquitectos locales (¿y quizás extranjeros?).

Pero tras la simpatía que despierta Río, con su paisaje costero singular, de morros en la tierra y en el mar, lo que está ya pactado como urbanismo y arquitectura para los juegos es muy inquietante. La ciudad que había sido referente en los años noventa por sus programas complementarios, Río Cidade, dedicado a la mejora de la calidad del espacio público, y Favela Bairro, modélico por su manera de intervenir, llevando la ciudad a los barrios autoconstruidos, ha apostado para los juegos por un urbanismo totalmente neoliberal, algo que contradice la visión encabezada por Lula.

En vez de aprovechar para mejorar la estructura de lo existente, fortaleciendo el centro y remodelando el antiguo gran puerto, es decir, en vez de potenciar la ciudad que se publicitó durante la campaña previa a la elección, la villa olímpica, la villa de los periodistas y los hoteles se van a levantar en Barra de Tijuca. Intervenir en esta área, tan frágil desde el punto de vista ecológico, con lagunas y pantanos, a unos 40 kilómetros del centro de Río, en la que vive una minoría acomodada de 180.000 personas, sólo es interpretable desde la más pura especulación inmobiliaria.

Para resolver los recurrentes colapsos, en una red que pivota sobre muy pocas avenidas, túneles y viaducto, se tendrá que implementar la infraestructura viaria y apostar por el transporte público. Tal como explicó  el urbanista Sergio Magalhaes, mucho va a tener que luchar la ciudadanía y los políticos honestos para que el pacto de intereses entre el COI y los grandes propietarios y promotores de Río no culmine en una operación depredadora y monopolista, hoy ya  proyectada. De momento, la corriente crítica ya ha surgido en Río, defendiendo que los juegos son una oportunidad para que se beneficie toda la ciudad y no sólo cuatro poderosos.

 

 

 

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