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Se
inauguró el hotel Puerta de América en Madrid
Abrió
el hotel Puerta de América, el cliente dispuesto a pagar a
partir de 171,20 euros por habitación y noche, podrá
elegir entre las que han creado personalidades como Jean Nouvel,
Isozaki, Gluckman, Foster o Zaha Hadid
Parecía
un sueño pero ahora se ha materializado. Dormir en un hotel
cuyas habitaciones, distribuidas en doce plantas, han sido
diseñadas por los mejores arquitectos de todo el mundo.
Madrid, a la cabeza de la arquitectura contemporánea.
Tiene
doce plantas, más de 340 habitaciones y ha conseguido
convertir en materia los sueños de doce arquitectos y
diseñadores de prestigio internacional. Es el hotel Puerta de
América, que ya ha abierto sus puertas: el cliente dispuesto a
pagar a partir de 171,20 euros por habitación y noche,
podrá elegir entre las que han creado personalidades como Jean
Nouvel, Isozaki, Gluckman, Foster o Zaha Hadid.
Que no es un
hotel convencional se nota desde la entrada: el taxista se despista a
la hora de dar con ella entre el mar de mármol que recubre las
paredes. No hay puerta giratoria, sólo un pasillo revestido de
ese bello material que conduce directamente a la recepción,
atendida por dos señoritas y al que están casi pegados
dos «botones» uniformados -lo único clásico
en este atípico establecimiento hotelero-.
Los
ascensores, con cuerpo trasparente, regalan al usuario libre de
vértigo un panorama de excepcional belleza: más
allá del atasco de entrada en la avenida de América, la
mirada se pierde en una espectacular vista de la ciudad.
También están dotados de una pantalla de
televisión donde aparecen las últimas noticias.
Pero el
espectáculo no está sólo en la vista: en cada
planta, las puertas del elevador al abrirse dan paso a un
vestíbulo único e irrepetible: la planta 12,
diseñada por Jean Nouvel; la 11, por Javier Mariscal; la 10,
obra de Arata Isozaki; la 9, por Richard Gluckman; la 8, por Kathryn
Findlay; la 7 por Ron Arad; la 6, por Marc Newson; la 5 por Victorio
& Luchino; la 4, por Eva Castro; la 3, por David
Chipperfield; la 2 por Norman Foster, y la primera, por Zaha Hadid.
Es un
auténtico museo en el que poder dormir. El hotel, aseguran sus
portavoces oficiales, ha tenido mucha demanda desde antes de abrir al
público. Ayer, la actividad era frenética, pero no
tanto en sus zonas visitables, sino más bien en las
«tripas»: en cada planta se podía ver a operarios
dando los últimos toques de la decoración,
excepcionalmente complicada en lo constructivo en algunos de los pisos.
Hay
vestíbulos en los que te reciben dos esculturas monumentales;
en otros, suelo, techo y paredes se pliegan sobre sí mismos en
una geometría imposible; los hay impresionantes en su
simplicidad, y otros donde la luz es la protagonista.
Últimos toques
Mientras los
clientes subían y bajaban, o llegaban con sus maletas a la
recepción, las escaleras eran un hervidero de operarios con
cables, tubos y todo tipo de material, dando los últimos
toques a un hotel que es ya una referencia de la arquitectura
contemporánea. Pero que no por ello se olvida de la
funcionalidad: una cuna espera su momento en un pasillo interior. En
todos los pisos se trabaja, desde la última planta a la baja.
Todos los
detalles están cuidados al extremo: la decoración del
vestíbulo, las terrazas exteriores -separadas del ruido por
muros transparentes-, el jardín exterior -que cambiará
de forma y color con la llegada de las distintas estaciones- y la
cafetería, un remanso de paz en el que tomarse un refresco
cuesta 4,50 euros. Eso sí, hasta las patatas chips que lo
acompañan son diferentes a las convencionales.
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