Museo de la Fruta

En la ciudad de Yamanashi en la zona de mayor producción frutícola, Japón construyó en el año 1995 a pedido de la Prefectura, un museo dedicado a la fruta.
La obra del arquitecto Itsuko Hasegawa, se emplazó en un parque público con extraordinarias vistas a grandes viñedos de la región.
Para la generación del proyecto se tuvo en cuenta la imagen de la fruta como objeto estético con la carga religiosa que tiene, venerada y mágica. También se trató de evocar todas las connotaciones espirituales y sociales que rodean a la misma.
El complejo está formado por tres edificios que representan los ciclos vitales, ofreciendo diferentes interpretaciones a los visitantes desde el mundo de la semilla a punto germinar, un parque futurista, un jardín botánico, o un asentamiento de una nueva era.

Los tres volúmenes son tres cúpulas acristaladas que contienen desde un invernadero, salas de exhibición, talleres, bibliotecas y demás servicios didácticos con innovaciones en el campo de la genética. Una cafetería en planta alta permite una vista panorámica a la ciudad.
La visión que tiene el conjunto es de tres elementos listos a despegar, como si del viento dependiera su permanencia en el lugar.
Esta obra es un exponente más de la evolución de la utilización del vidrio en la arquitectura y de los avances experimentados en los campos de la tecnología aplicada al cálculo estructural, explotando al máximo algunas características del material como la transparencia y su capacidad de creación de reflejos y de construcción a partir de la luz.

 

 

 

 

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